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lunes, 18 de enero de 2016

Presentación poemarios y homenaje a Miguel Hernández en Getafe



El sábado pasado por la mañana, en Getafe, gracias y junto a Noemí Trujillo, editora de Playa de Ákaba, mis compañeros de letras y editorial, Felipe Sérvulo, Paz Martín-Pozuelo, Miguel Hernández García, y yo, participamos en un homenaje a Miguel Hernández. También se presentaron en sociedad los poemarios recién editados (Playa de Ákaba) de cada uno de nosotros. Un acto más y un día más en el que la poesía me da más y más fuerzas para seguir explorando nuevos sentimientos y nuevos caminos en este mundo de letras en el que vivo. Una mañana que comenzó con poemas de Miguel Hernández, y con un acercamiento personal a él y su poesía de cada uno de nosotros. Este fue el mío:

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Sonreír con la alegre tristeza del olivo

Sonreír con la alegre tristeza del olivo.
Esperar. No cansarse de esperar la alegría.
Sonriamos. Doremos la luz de cada día
en esta alegre y triste vanidad del ser vivo.

Me siento cada día más libre y más cautivo
en toda esta sonrisa tan clara y tan sombría.
Cruzan las tempestades sobre tu boca fría
como sobre la mía que aún es un soplo estivo.

Una sonrisa se alza sobre el abismo: crece
como un abismo trémulo, pero valiente en alas.
Una sonrisa eleva calientemente el vuelo.

Diurna, firme, arriba, no baja, no anochece.
Todo lo desafías, amor: todo lo escalas.
Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo.

A mis 14 años, y como tantos jóvenes de mi generación, mis ojos lloraron con sus nanas de la cebolla y la voz y la música de Serrat. La poesía de Miguel siempre trató de enfrentarse a la tristeza de esa época que le tocó vivir, de luchar contra ella, por eso os he querido leer un soneto suyo que, creo, es un fiel reflejo de esa lucha que, para nuestra desgracia, acabó llevándoselo.
… Y solo un apunte más: Cuando Noemí nos pidió que construyéramos un puente entre nuestra poesía y la de Miguel Hernández, para este homenaje que hoy compartimos, recordé unas palabras de Pablo Neruda sobre él:

Pablo Neruda de Miguel Hernández: “Me contaba cuentos terrestres de animales y pájaros. Era ese escritor salido de la naturaleza como una piedra intacta, con virginidad selvática y arrolladora fuerza vital. Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas. Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba hasta las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras.”

Esto dijo Neruda de Miguel, y este es el puente que desearían cruzar mis poemas algún día, por eso cuando los escribo coloco mis oídos sobre el vientre de las cabras dormidas y estoy muy atento al ruido de la leche al llegar a las ubres, por si logro escuchar ese rumor secreto; aunque ellos, mis poemas, y yo, sabemos que solo él, Miguel, podía descifrarlo.

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Y la mañana también escuchó alguno de nuestros versos:
Y el armario vacío, sin ropa para cambiarnos
para salir mañana por la mañana
cuando luzca el sol y nos reciba Barcelona.

Fuimos demasiado valientes
al olvidarnos de que alguien
tendría que pagar la factura del atardecer.

En los mercados hay voces
que cuelgan como los trapos
que pregonan derrotas , amores y desengaños.

Mis poemas sueltos callan
y pesan con su gesto.
Las montañas se fueron.

Encontré cinco gramos de tu alma
en la despensa, entre el arroz y el café,
en un sobre sin nombre.

Cinco poemarios que están a vuestra disposición en la web de Playa de Ákaba. Y que si solicitáis alguno de ellos hoy o hasta el día veinte, llegará a vuestra casa sin gastos de envío, al precio de 9,50 euros. Tenéis poesía para elegir.


Getafe y su Biblioteca Central (Antigua cárcel) me han conquistado, el calor de la gente que vino a acompañarnos ayuda, y mucho, a pasar los fríos del invierno. Muchísimas gracias.

viernes, 1 de enero de 2016

Aunque sabes



Aunque sé

que los días no se rompen

buscaré una mínima parte

escudada en algún rincón del salón.


Aunque sé

que el alcohol y las burbujas

no son mar

me sumergiré en él

hasta que el último soplo

de mi cuerpo reconozca sus preguntas.


Aunque sé

que las venas echan raíces

ya no espero

aguardaré a que mañana

el tictac vuelva la esquina.